lunes, 14 de enero de 2013

Sociología



SOBRE UN TEXTO DE JOSÉ FÉLIX TEZANOS, LAS GENERACIONES PERDIDAS. TENDENCIAS DE PRECARIZACIÓN LABORAL Y EXCLUSIÓN SOCIAL EN LOS JÓVENES

JUVENTUD Y EXCLUSIÓN SOCIAL

LA CONCIENCIA DORMIDA

     Ciertamente, como señala el autor del texto, la situación actual de los jóvenes presenta serias dificultades, y no sólo en el orden laboral sino también en el social y político. La coyuntura económica en la que nos encontramos no favorece la emancipación ni siquiera la de las ideas. El período de estudios se alarga e incluso, después de la Universidad, hay que complementar la formación con el aprendizaje de idiomas o la realización de másteres para poder alcanzar puestos de trabajo adecuados.

     Es cierto que la clase media se reproduce y que los jóvenes se acomodan a estas circunstancias actuales, por obligación y no por devoción, pero no es menos certero el análisis que concluye que en circunstancias de bonanza del mercado laboral, probablemente la edad de emancipación se adelantaría incluso a los 18 años, como ocurre en países donde el crecimiento económico es positivo y el desempleo no es tan sangrante como el que padecemos en España.

     En definitiva, la libertad y la conciencia de clase van de la mano de la independencia económica o, dicho de otra manera, el trabajo bien remunerado proporcionaría a nuestros jóvenes nuevas posibilidades: conciencia de clase, participación política, proyectos a largo plazo… Aún así la realidad actual es la que es, y no sólo los jóvenes sino el resto de la población nos encontramos envueltos en una tela de araña que nos da poco margen para la “revolución” y para el libre pensamiento.

     La vida en precario, y no hablemos de la plaga de los desahucios, nos hace comulgar con ruedas de molino y perpetuar un sistema francamente mejorable; nos hemos “hipotecado”, nunca mejor dicho, la conciencia y nos somos capaces de ver más allá de cada fin de mes. Aceptamos nuestro sistema político tal y como está y hasta la corrupción nos parece lógica; vivimos con “orejeras” y vemos nuestra sociedad y nuestra democracia como el sistema menos malo de convivencia. No seremos nosotros sino las generaciones posteriores –los jóvenes- las que puedan dar vuelta a este orden de cosas; no se trata de una “revolución” sino de una “reforma” de los derechos y libertades, de la democracia en general y de nuestra posición respecto a ella.

     No es que los jóvenes estén “dormidos” ni su conciencia, simplemente sufren las consecuencias de los males de la sociedad en la que nos hallamos, son las víctimas de sus carencias, de sus disfunciones y sólo necesitan un pequeño impulso para salir del “agujero” en el que habitan. Sus padres y sus educadores tenemos la responsabilidad de guiarles, de empujarles a nuevos horizontes donde puedan alcanzar sus metas. Somos sus “despertadores” y debemos ser capaces de darles lo mejor de nuestro sistema social y de convivencia y, al mismo tiempo, hacerles saber que es su turno, en orden a mejorar nuestro marco vivencial y social.

     Todo esto no es tarea fácil… pero no es imposible.