martes, 3 de agosto de 2010

"PECADOS CAPITALES (II): LUJURIA"


“Sólo existen dos cosas importantes en la vida. La primera es el sexo y la segunda…
no me acuerdo” (Woody Allen).

   Escribir sobre SEXO es atractivo, como componente comercial se puede decir que vende mucho. Películas, novelas, series de televisión… si tienen un marcado ingrediente sexual son garantía de éxito aunque su calidad sea ínfima. Es la manzana del Paraíso y nos atrae de una forma animal; el mundo se mueve en gran parte por el sexo y las relaciones humanas, en general, están impregnadas de sensualidad, de erotismo, de algo prohibido.

   En tiempos de la dictadura franquista, ahora tan de moda gracias a Garzón entre otros, los españolitos pudientes se escapaban a Francia para ver películas porno; eso mismo tendrá que hacer algún catalán cuando quiera ver una corrida… de toros, a partir de 2012. En esta democracia zapateril que nos ha tocado vivir, impregnada de prohibiciones - ¡valiente democracia y libertad! -, vivimos tiempos críticos en todos los sentidos como vengo “blogeando” últimamente. Y también el sexo ocupa uno de los lugares más altos en la escala de valores del siglo XXI.

   El sexo es como el cáncer, conforme te vas haciendo mayor conoces más casos y más cercanos de separaciones y divorcios. Se separan parejas que llevan años y años de matrimonio, se divorcian amigos recién casados y otros que ya han sobrepasado con creces los cincuenta tacos. Supongo que los matrimonios se separan por muchas razones, en las que no quiero entrar ahora, pero seguro que una de ellas es la sexual. Hombres y mujeres tenemos concepciones diferentes de la vida y, en el ámbito de las relaciones íntimas, aún más. No voy a generalizar, porque eso está muy feo, pero sí manifiesto desde aquí que la compenetración sexual de una pareja es tan importante como la famosa “compatibilidad de caracteres”. Las parejas se rompen en las pequeñas cosas, no en grandes discrepancias filosóficas; la gente se divorcia cuando su pareja deja la ropa interior tirada en el suelo todos los días, cuando no respeta los gustos del otro, cuando no se cuida físicamente (¿por qué la gente engorda cuando se casa?), cuando maltrata psíquicamente, cuando insulta y menosprecia al otro, cuando no se ponen de acuerdo en las grandes decisiones de la vida… y no voy a hablar hoy de los hijos. Será otro día.

   Podría llenar de tinta este blog con el temita de hoy, pero es tarde y ando cansado. Tomo nota de estas y otras cosas que escucho y trataré de vivir cada día como si fuera el primero de mi vida. No me gusta eso de MADURAR porque para mí es sinónimo de envejecer, de creer que ya lo sabes todo, de dejar de aprender… prefiero ser como niño en algunas cosas y ser como los payasos, mi profesión frustrada, que regalan sonrisas y hacen reir que es, a su vez, hacer felices a los demás. Gracias.

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